Editorial

“Quien vigila al viento, no siembra; quien contempla las nubes, no cosecha” (Eclesiastés 11.4)

Durante el último año y medio aquellos que nos miran con ojos de cariño han tenido paciencia ante la escasez de ritmo de la revista. Los que conocen al equipo que lo lleva adelante saben que parte de los editores han pasado por un proceso de grandes cambios que, sin embargo, no le es ajeno a ningún ser humano. La parte difícil no ha sido sobreponerse a las adversidades, sino resistir a la oleada del cambio una vez que se establece.

Cuando algo cambia de forma radical en la vida, los seres humanos de nuestra época nos sentimos tentados a arrasar con todo lo que nos recuerde a viejo. Solemos incluirlo todo dentro de un todo, sin separar las partes, y esa es una mala costumbre que no siempre conlleva buenos resultados.

Al haber tenido que hacer algunos reajustes personales en algunas áreas, por algunos motivos felices y otros tantos tristes, surgen voces que te sugieren que lo viejo ya no sirve, entre ello el sentido de esta revista dentro de nuestras vidas. Somos esclavos de lo nuevo y nos han criado para creer que siempre es mejor deshacerse de lo que nos genera dudas, aunque la realidad de fondo sea esa sensación de novedad, el brillo del descubrimiento y la adquisición a la que somos adictos. Lo tenemos tan tatuado en nuestra conciencia social que hemos llegado a creer que el usar y tirar no solo es válido para electrodomésticos y pañuelos de papel, sino también para las relaciones humanas y los proyectos vitales. En vez de insistir, es mejor deshacerse de ello, sacudirse las manos e intentar otra cosa, porque dice la falsa autoayuda de hoy que si no te produce pasión, no sigas con ello. Cuando en realidad hay una clase de pasión que surge del esfuerzo y la insistencia.

Todo tiene matices y nunca se pueden tomar decisiones sobre conceptos abstractos, pero después de dejarnos seducir un tiempo por la idea de cerrar, nos dimos cuenta de que ese mismo impulso era el que nos obligaba no solo a seguir adelante, sino a prestar más atención. Nacimos (y seguimos) con la aspiración a ser un observatorio de la realidad de nuestra cultura, no solo de sus expresiones artísticas, sino también sus expresiones cotidianas; analizar sus causas, sus encerronas ideológicas y sus errores históricos, para comprender mejor dónde y cómo habita la verdad. Nuestra idea es sembrar razones y cosechar verdad, y  eso no se consigue vigilando el viento ni contemplando las nubes, dando por sentado que serán otros los que lleguen a hacer el trabajo. De esa comprensión de que no somos ajenos a lo que nos rodea, y que solamente cambiando el compromiso que mantenemos con la realidad conseguiremos cambiarla (a mejor), retomamos el ritmo de la revista con buenas intenciones, pero también con los pies y las manos en la tierra.

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